Álvaro Márquez Sanz // ICT-TEL
Durante las últimas semanas se
ha cosechado una polémica que ha adquirido un tono candente en los medios de
comunicación y en las principales redes sociales. La polémica se produjo debido
a que uno de los youtubers más exitosos de España anunció en un directo de
Twitch que se mudaría a Andorra, también mencionaría el desgaste que le ha
dejado la presión fiscal.
Este suceso propició que en las
principales cadenas televisivas los medios de comunicación tuvieran un debate sobre
si es lícito o no ese tipo de acciones o si debería de ser sancionado o no. La
discusión principal estaría enfocada en los impuestos, donde a las grandes
riquezas se les quita el 50%, motivo por el cual los grandes youtubers acaban mudándose
a países donde se paguen menos impuestos de IRPF.
Hay que considerar que a los
medios de comunicación les interesa crear esta polémica, debido a que cada vez
más, plataformas como Twitch y Youtube son una gran competencia de la
televisión, tanto en espectadores como en publicidad, siendo mucho menos
costosa en Youtube, o directamente les resulta más barato a las marcas
publicitarias tener notoriedad a través de Youtubers.
En mi humilde opinión, me parece
que cada uno debería de tener el derecho a irse a vivir donde quiera, el debate
me parece que debería ser un debate ético más que un debate jurídico, ya que no
se está cometiendo ninguna irregularidad mientras se pague impuestos donde se
reside.
Por otra parte, a mi parecer,
irse a otro país para pagar menos impuestos no es ético, sería más beneficioso
que se quedarán, ya que aportan una cantidad considerable a las arcas del
Estado. Tampoco me parece bien el hecho de que se considere como “victimas” a
los youtubers por pagar altos impuestos, ya que si tienes grandes cantidades es
lógico que aportes mucho más que el que no puede pagar la luz a fin de mes.
En conclusión, este tema se ha
visto deteriorado debido a que los medios querían desprestigiar a su
competencia ya que no se ha debatido con respeto en la mayoría de casos, y ha
supuesto que en vez de generar un debate sano donde se podría haber razonado y
expuesto los distintos puntos de vista, se ha acabado el debate con dos bandos
obcecados incapaces de sentarse a hablar, como siempre.